“Te odio y cuando te veo siento ganas de matarte”.  
    Esa fue la respuesta que recibió un líder de jóvenes
    de uno de los muchachos de su congregación. ¿La
    razón? El líder lo molestaba con un apodo que a los
    demás los hacía morir de risa, pero a él le hacia sentir
    humillado.

Los apodos pueden lastimar igual o más que una bofetada. Porque nunca se sabe la madurez o
los complejos que pueda tener quien los escucha. Normalmente, la persona que pone apodos y
disfruta de molestar a otros, es alguien que fue molestado en su infancia y actúa
inconscientemente de esta manera, vengándose de las burlas que sufrió.

En otras ocasiones, la persona que empieza a hacer chiste de un compañero, lo hace para evitar
que lo vayan a molestar a él. Ese fue el caso de otro conocido de baja estatura, que para evitar
ser el payaso de la reunión, siempre se adelantaba a “darle carrilla” a otro.

La situación puede ser tan peligrosa, que debido a que han habido niños y jóvenes que se han
quitado la vida, por no soportar ser  molestados por compañeros de escuela, ha salido una ley anti
“bully” (maltrato psicológico, verbal, físico, escrito, indirecto, electrónico, producido entre escolares
dentro o fuera de la escuela).

Contar chistes, hacer bromas y reírnos, es una parte bonita de la vida, siempre y cuando, no
estemos sembrando odio, resentimiento, tristeza, depresión o enojo en nuestros compañeros.
Antes de querer usar a alguien para burlarnos, pensemos en estos pasajes:

Y subiendo por el camino (Eliseo), salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él,
diciendo: ¡Calvo, sube!, ¡calvo, sube! Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de
Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos. 2
Reyes 2:23-24

Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban. Lucas 22:63

Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él (Jesús), diciendo: A otros
salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. Lucas 23:35

Definitivamente no hay ninguna bendición o virtud en burlarse de alguien, no es de sabios hacerlo.
No podemos cambiar el mundo, pero si podemos hacer una diferencia en nuestro hogar, en
nuestro trabajo o escuela, en nuestro grupo de amigos. ¿Cómo? No burlándonos de nuestro
prójimo y no riéndonos cuando molestan a alguien y de ser posible, defenderlo.

Con tristeza recuerdo las lagrimas de un adolescente, cuando al final de un retiro de jóvenes,
tuvimos un tiempo precisamente, para que pidieran perdón, a quien hubieran lastimado, por
llevárselas de chistosos…

“Luis” fue el más solicitado. “Luis, perdóname por pegarte en la cabeza”, “Luis, perdóname por
echarme un gas en la cara…”, “Luis, perdóname por llamarte gordo enano…”, “Luis, no quise
ofenderte… you are cool man”.

Mientras Luis lloraba frente al grupo, le pregunte, porqué aceptaba el maltrato y qué había sentido
al escuchar las disculpas “Con tal de ser parte del grupo, no me importa que me digan o hagan lo
que sea… me gustó mucho que me dijeran que soy cool…”

No se porque me tarde tanto en escribir esta reflexión, pero espero en Dios que para muchos
llegue a tiempo y que la tomemos muy en serio, para no lastimar a nadie “sin querer… queriendo”.



Escrito por: Melvin Chacón
No Te Burles...
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